Yo soy un ente cognoscente. Como tal, la realidad, mi realidad, no puede concebirse sin mi existencia. Tú no eres más que mera representación en mi mundo interno. Sin mi, tú no tienes razón de ser porque yo no te percibo. Como ser cognoscente, para que la realidad sea tal, he de estar yo presente, porque no hay realidad absoluta, tan sólo está mi percepción, que es única. Tú por ser objeto, te encuentras subordinado al sujeto, que soy yo. ¿Por qué he de pensar que tú también eres un ente cognoscente? Cómo puedo discernir un mundo lejos de mi existencia si es el único al que se me está permitido acceder? Luego considero que todo lo que percibo forma parte de mi y está indisolublemente ligado a mi existencia. Según esto si dejo de existir llegará la nada, pero ¿cómo puede pasarse del todo a la nada? Podría pensarse que hay un todo infinito en el tiempo y yo estoy contenido en él. Mi desaparición anula este todo, así que yo debo existir infinitamente en el tiempo. La otra opción sería que hay un vacío infinito en el tiempo y nada, tampoco yo, existe. Entonces todo lo que creo percibir, incluso mi propia existencia... ¿qué es?
Señor, ¿por qué tu nombre se ha convertido en moneda de cambio? Todo el negocio montado en tu nombre, ¿forma parte de tu Obra? Ya no sé si tu imperio está basado en el engaño o en la ignorancia... Todo me lleva a pensar que hay algo de ambos. Tantas personas te niegan y, sin embargo, tienen lo grandioso de tu legado. Ellos no matan por motivos de semántica, porque el significado de tu nombre no es algo absoluto. No se basan en lo que la tradición ha dictado durante milenios para despreciar o discriminar a otras personas. Porque son los únicos que tienen criterio para olvidar sentencias obsoletas. No emplean su tiempo en recitar unos versos de memoria, no necesitan saber la dirección en la que se encuentra la Meca, ni divagan sobre conjeturas, y a pesar de todo, hacen el bien. Porque justificándose en tu persona se han cometido las mayores atrocidades. Aún hoy día puedo comprobarlo a cada momento. ¿Por qué creer en ti llena a la gente de prejuicios y envenena los corazones?
Dice la leyenda que la manzana que condenó a Adán y a Eva a vivir fuera del edén contenía la ciencia y el pensamiento crítico. A mi juicio, lejos de condenarnos nos está ayudando a protegernos de nosotros mismos.